Doce hombres en pugna (12 angry men) 1957


Hay películas de la época del blanco y negro, que en la actualidad podrían competir con las producciones más modernas que cuentas con calidad HD,  efectos especiales, y todos los efectos digitales antes no imaginados.

Entre las películas que nos gusta volver a ver como la serie Volver al futuro o las de Indiana Jones, y otras un poco más actuales como Doctor Strange y Avatar por solo mencionar algunas; también deberían incluirse films que llamaron la atención del público de hace bastante tiempo y no se ha vuelto a saber de ellas. Si dejamos de lado la creencia que lo que se produce, hoy, en el cine, es mejor que lo antiguo, y dejamos de lado grandes obras de hace algún tiempo, sería  un desatino. Sería como decir que antes no hubo genios del cine. Deberíamos reconsiderar la forma que vemos lo viejo, lo fuera de moda. Que se haya grabado en  blanco y negro no es importante; esa era la cima tecnológica de esa época. Si investigamos un poco hallaremos muchas que nos deleitaría ver, y que gracias a la tecnología actual podemos acceder a ellas.


Por ejemplo, la película Doce hombres en pugna o 12 angry men, la primera que dirigió Sidney Lumet, en 1957 y protagonizada por Henry Fonda, se grabó en dos semanas, no dispararon ninguna arma de fuego, los sucesos ocurren en un salón de deliberación, fue nominada al Óscar por mejor dirección y ganó muchos premios internacionales. Es en blanco y negro, y aún así, es considerada top 10, entre las películas jurídicas, por la American Film Institute (AFI),  que clasifica las diez mejores películas norteamericanas dentro de diez géneros cinematográficos distintos. Estas listas fueron desveladas en la cadena de televisión CBS el 17 de junio de 2008.

Me la recomendó un profesor universitario. Y me mantuvo atento mientras la vi; y, después, en silencio, de auto-reflexión. Porque nuestra verdad está siempre sesgada de emoción, de nuestra construcción histórica como sujetos humanos. Las experiencias vividas nos marcan en la más simple expresión de nuestra conducta. Pero el film eleva al extremo cumbre de decisión, el valor de una vida humana, al colocarla por encima de lo que somos, sea quien sea el dueño de esa vida.

Yo, que también soy docente, la recomiendo a mis alumnos; y cuando les digo el año en que se realizó, observo el malestar en sus rostros que me dicen que es una tortura sentarse a ver con detenimiento una película en blanco y negro. Yo les respondo: el color no importa; lo que importa es lo que esa película hará con tu vida, con tus opiniones, después que la hayas visto. Además para muchos, según su generación,  puede ser la oportunidad de ver algo "nuevo", con un concepto muy diferente a lo que están acostumbrados a ver.

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