Dos hombres unieron su creatividad para escribir el libreto genial de esta película, estrenada en 2015. Sí, eso hicieron Alejandro Monteverde y Pepe Portillo. Aprovecharon el acontecimiento histórico más significativo del siglo XX para tocar nuestras fibras emocionales: la detonación de la primera bomba atómica sobre una ciudad japonesa.
No dejaron nada de lado. Empiezan con la relación entrañable de un padre con su hijo, que el destino rompe, causando la tristeza más amarga que un niño de diez años pueda sufrir. Separados, el hijo recurre a la fe para recuperar lo perdido. La gente del pueblo donde se desarrolla la acción sabe lo que “Little Boy” (apodo del niño) hace y por qué.
La guerra que ocurre al otro lado del mundo también se libra en el pueblo del niño con un habitante de origen japonés. La relación del niño con el nipón tiene un proceso humano, tan educativo, que quien vio la película queda marcado para no encontrar jamás justificación para que los hombres se peleen unos con otros.
Y, no podía faltar ese toque creativo que mencioné al principio de este escrito: la bomba arrojada sobre Hiroshima tenía el nombre secreto de Little boy.
Vean esta obra magnífica con el presentimiento de que quedará marcada en la historia del cine como una de las más grandes creaciones en este arte.
